
Con un 70% menos de población y una renta per cápita casi seis veces menor que la del principado, la península uruguaya tiene una elegancia particular. Punta del Este se ha convertido, con sus 700.000 turistas al año, en la niña bonita de América del Sur.
Un comienzo humilde con un sueño grande
Todo lo que tiene nombre, existe. Y Punta del Este comenzó a existir recién en 1516, cuando fue nombrada por primera vez por Juan Diaz de Solís. El navegante sevillano la llamó Cabo Santa María, y así inauguró su historia.
Tres siglos después la península se había convertido en un pequeño pueblo de pescadores conocido como Ituzaingó, donde se cazaban ballenas y lobos marinos.
Fue recién en 1907 cuando el entonces presidente uruguayo, Claudio Williman, promulgó la ley 3186 que declaró oficialmente a la península como Punta del Este. La primera década del siglo XX se encontró con un asentamiento que apenas poseía un faro, unas casitas, un puerto pequeño, naturaleza virgen y un albergue (el hotel Central) construido de material y chapa y rodeado de gallinas.
Los pioneros, que se subyugaron con el lugar y se animaron a soñar, fundaron la Sociedad Balnearia de Punta del Este. Y seguramente jamás imaginaron la dimensión y el éxito que tendrían sus ideas. Fue el mismo 1907 cuando, fruto del lobby realizado con algunas familias de la aristocracia argentina, el vapor Golondrina trajo los primeros turistas a la costa esteña.
En esos mismos meses se inauguró el elegantísimo Hotel Biarritz (calle 20), hoy desgraciadamente deslucido y venido a menos y convertido en casa de departamentos. Sin embargo, vale la pena apreciarlo y tomarse un momento para imaginar –si la imaginación de cada quién lo permite- cómo habrá sido la península en los años 20, con sus mujeres elegantes, sus hombres de sombrero, sus edificios imponentes.
Las cosas del jet-set, y no tanto…
Si bien mucho ha cambiado desde aquellos primeros años del siglo XX, Punta del Este sigue siendo el lugar justo para mostrar el lado sibarita: alojarse en mansiones exquisitas, navegar en veleros, asistir a desfiles o a fiestas exclusivas, recorrer galerías de arte, lanzar proyectos de negocios, jugar al golf con amigos, tomar el te en L'auberge, cenar en St. Tropez, invertir en edificios diseñados por Philippe Starck o llegar en cruceros (como el SeaDream I) donde cada pasajero paga por el viaje, el equivalente a su peso en oro.
No todo es farándula
Muchos íconos de la cultura -conocidos y reconocidos en el mundo- se han cautivado con la ciudad esteña. Solo por nombrar a algunos: Liza Minnelli, Adolfo Bioy Casares, Astor Piazzolla, Vinicius de Moraes, Vittorio de Sica, Silvana Mangano, Mario Moreno (Cantinflas), Alberto Cavalcanti, Igmar Bergman, Rafael Alberti, Margarita Xirgu, Alejandro Casona, Joan Fontaine y Gérard Philipe.
No todo es placer, la política es cosa seria
John F. Kennedy
John F. Kennedy negoció, en Punta del Este en 1961, los detalles finales de la Alianza para el Progreso.
En el marco del Consejo Interamericano de Economía Social (CIES), los dirigentes de países latinoamericanos aprobaron el conocido programa de ayuda económica y social de Estados Unidos para América Latina efectuado entre 1961 y 1970. Solo Cuba se opuso.
El Che
Hace poco menos de un año tiraron abajo el Hotel Playa, ubicado sobre la brava, y comenzaron a edificar unas torres de 17 pisos… sé que muchos hemos sentido pena. No por la construcción en si misma (que por cierto era simple y un poco demodé), sino porque en unas de sus habitaciones se alojó –allá por la década del 60- Ernesto Guevara.
El Che, cuando ya era el Che y representante de la Cuba revolucionaria, llegó a Uruguay para participar de la Asamblea General de la OEA. Famosos son sus discursos de aquella época y no menos importante el momento para la isla. Fue en aquella reunión en Punta del Este cuando Cuba fue expulsada de la organización bajo el argumento que su gobierno era “incompatible con los principios y propósitos del sistema interamericano”. La historia está compensando a la isla, hoy casi medio siglo después, Cuba negocia su vuelta a la OEA.
Un refugio para exiliados
Durante la guerra civil española muchos eligieron la península para asentarse. Entre 1930 y 1940 Rafael Alberti (para el que por 20 años Punta del Este fue su “hogar en el exilio”), Margarita Xirgu y el dramaturgo Alejandro Casona, entre otros.
Y durante la década de 1950 fue el refugio para argentinos anti-peronistas.
Un centro de Espionaje
Punta del Este, como si todo hasta aquí hubiese poco para la historia de una ciudad, fue un centro de espionaje mundial durante la Segunda Guerra. Bien se sabe que los servicios de inteligencia alemán, inglés y estadounidense tenían enclaves y hombres apostados en la península.
A modo de epílogo
Su historia está marcada. Su personalidad es un péndulo que va de lo superfluo a lo profundo sin abandonar nunca la elegancia.
Revolucionarios, presidentes, exiliados, hombres de la cultura, espías, intelectuales, pintores, escritores, políticos, gente chic, deportistas de fama, hippies, empresarios adinerados, turistas, pescadores de ballenas, pioneros y farándula… todo le cabe.
Nadie puede negar su encanto que nace de sus cien caras. Por algo enamora y subyuga. Por algo despierta odios y pasiones.
Por algo Punta del Este es la perla del Uruguay, la niña bonita de la costa esteña, la Mónaco del sur.
Imagen: Murales del Hotel Conrad de Punta del Este, mayo de 2009
Copyright © María Verónica Barzola
08 junio, 2009
Punta del Este, la Mónaco del sur
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